Tipos de inflamación y soluciones antiinflamatorias

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Una palabra familiar cuando hablamos de temas de salud, la cual sin embargo no es del todo bien comprendida.

En el artículo de hoy quisiera hablaros un poquito sobre su significado, de su rol o papel en nuestras vidas cuando se produce de forma positiva, así como de su versión no ideal y por tanto a prevenir. Por supuesto, todo ello acompañado de los mejores tips para manejar el tema, para tener la buena salud que nos merecemos!

En primer lugar, mencionar que la inflamación es la respuesta de nuestro organismo frente a ciertos estímulos o sucesos, siendo pues a través de ella que el cuerpo inicia y completa la solución del problema que sea.

Lo importante y relevante con respecto a la inflamación es diferenciar de qué causas proviene, es aquí donde entenderemos si es positiva o su efecto por el contrario tiene consecuencias no deseadas a largo plazo. A partir de las causas que desencadenan el proceso inflamatorio nos encontramos con dos tipos de inflamación completamente diferentes:

Iflamación aguda o intensa, pero de corta duración

La inflamación breve en el tiempo, aun viniendo acompañada de dolor, seria la respuesta natural del cuerpo al reaccionar frente a un estrés puntual o suceso traumático, poniendo de esta manera en marcha su proceso de curación y solución.

Hablamos de una inflamación necesaria y positiva en este sentido, signo de que nuestro cuerpo reacciona y responde debidamente, ante lo que podría ser por ejemplo la picada de un insecto, una reacción alérgica, una quemadura, o la que se produce tras un traumatismo como el esguince de un tobillo.
Para la curación de dichas lesiones, el cuerpo necesita pasar primero por este corto proceso inflamatorio pero agudo (según la gravedad), permitiendo así todo el riego sanguíneo necesario hacia la zona afectada, pudiendo de este modo facilitar el acceso y la llegada de leucocitos entre otras cosas, componentes que se encargaran de reparar el tejido dañado. El dolor en este tipo de sucesos es necesario para que el sistema nervioso central (nuestra cabeza) reciba el mensaje de no movilizar ni forzar la zona afectada, permitiendo de este modo que sane pronto.

Dentro de la inflamación saludable, nos encontramos también que a nivel interno el cuerpo genera esa respuesta tras realizar ejercicio físico, o incluso al terminar una comida principal, pero en ambos casos es un estado momentáneo al que le sucede una respuesta estabilizadora que nos devuelve al equilibrio, nuestro cuerpo produce ese primer y segundo paso solito y a diario!

Tal y como vemos, la inflamación tiene un papel necesario y regulador ante lo que vamos haciendo y experimentando, siendo el rasgo de su corta duración el que la caracteriza como adecuada y saludable. Sin embargo, hay otro tipo de inflamación que nada tiene que ver con la hasta ahora mencionada, la cual sí requiere atención por nuestra parte y determinados cambios en nuestros hábitos de vida, entonces hablamos de:

Inflamación crónica o sistémica.

Se da a nivel interno, pudiendo ser a veces totalmente silenciosa y asintomática, sin dolor.

Este tipo de inflamación, a diferencia de la anterior, es preocupante y a la larga puede poner en riesgo nuestra salud. Cuando no hay síntomas, un análisis de sangre nos puede dar pistas y revelar si estamos o no generándola, sus causas estando siempre ligadas a malos hábitos, de modo que en nuestras manos esta el poder de cambiarlo! Entre esos malos hábitos que a la larga pueden ocasionarla, os expongo algunos de los mas destacables y buenas guías para prevenirla:

Dietas tóxicas. Básicamente dietas muy altas en azúcar y en carbohidratos refinados (pan, pasta, arroz etc), alimentos procesados cargados de aditivos y grasas no saludables, así como el consumo de carnes de baja calidad. Todo esto, sumado a la falta o carencia de alimentos saludables en la dieta empeora todavía mas las cosas.
El tip aquí es sin duda reducir y limitar el consumo de los tipos de alimento citados y en su lugar introducir más fruta y verdura en general, y en especial, crucíferas como el brócoli, frutos del bosque como los arándanos, más pescado azul como el salmón y las sardinas por sus ácidos grasos omega 3 (potentísimo antinflamatorio), y especias como la cúrcuma (presente en el curry) y el jengibre entre otras.

-Siguiendo el hilo de la causa anterior, una falta de ácidos grasos omega 3 en la dieta acompañado de un exceso de omega 6 pueden ocasionar inflamación para nuestro organismo. Para evitar tal desajuste, es conveniente aumentar el consumo de pescado azul sobretodo y limitar los alimentos procesados ricos en grasa, conteniendo estos últimos considerables cantidades de omega 6.
Los ácidos grasos omega 6 son necesarios para nuestra salud, de hecho los frutos secos son ejemplo de contenerlos, pero el problema aparece  cuando hay un exceso de los mismos en el organismo.
Para que el cuerpo funcione correctamente necesita un ratio adecuado entre omega 3 y omega 6, para que así sea evitando alimentos procesados y consumiendo mas pescado en general tenemos la batalla ganada.

Falta de sueño. Ya sea porque nos acostamos demasiado tarde, o hacemos uso de aparatos electrónicos hasta muy entrada la noche, perturbar nuestra calidad del sueño puede ser a la larga otra de las causas de inflamación silenciosa.

El cortisol, conocida como la hormona del estrés, se verá claramente alterada en una analítica de sangre si nos falta descanso. Nosotros mismos por eso experimentamos cierto cansancio y falta de energía tanto física como emocional cuando el sueño no esta cubierto. Recomiendo leer mi artículo sobre este tema en cuestión, ahí encontraréis consejos y buenas guías para llevarlo lo mejor posible

Sedentarismo. A falta de movimiento nuestro cuerpo no funciona igual de bien. Necesitamos esa mínima actividad diaria, caminar por ejemplo es fantástica opción, para que todo fluya correctamente y proteger nuestra salud.

Entrenar en exceso. Si bien es cierto que estar sentado todo el dia no es un buen hábito, forzar el cuerpo demasiado o no darle la recuperación que necesita tras un entreno duro puede ser igualmente perjudicial.
Ejercitarse es una forma de estrés e inflamación que en moderación es increíblemente beneficioso para el organismo, es gracias al cual nuestro cuerpo se supera a si mismo y despierta su propia e innata capacidad antioxidante. Sin embargo,  en exceso o sin un tiempo de recuperación adecuado tras el esfuerzo sufrimos una inflamación sostenida que entre otras cosas nos hace mas propensos a lesionarnos.

Estrés emocional. Preocuparse demasiado e ir acelerado son una tónica en la vida moderna, nuestro organismo no sabe de que peligro se trata pero su respuesta es la misma a la de antaño cuando un depredador se presentaría en medio de nuestro camino. El miedo y la angustia que tal estado mental suponen hacen que el cuerpo segregue de forma continuada hormonas del estrés como el cortisol, del que ya os hablé antes, y tal cosa mantenida en el tiempo es detrimental.
Gestionar nuestro estrés es importantísimo, y para ello disponemos de múltiples herramientas, como el mindfulness, el yoga, pasearse por la naturaleza, y sobretodo coger conciencia de lo que nos ocurre, esto último hará que nada nos afecte de la misma manera.

Intestino en baja forma. Cada vez se sabe mas acerca de la importancia de nuestra flora intestinal, de como esas bacterias que componen y reinan este órgano determinan un estado de salud u otro. Una falta de bacterias beneficiosas y/o una proliferación de aquellas que no lo son pueden darnos problemas e inflamación interna. Para que tal cosa no ocurra, alimentarnos bien es clave, así como gestionar el estrés que también tiene una influencia clave.
Dentro de la alimentación, los alimentos probióticos y los prebióticos son de suma importancia. Los probióticos contienen buena clase de bacterias que se instalan en el intestino protegiendo a todo el organismo y facilitan la absorción de nutrientes. Alimentos fermentados, tanto de origen animal como vegetal son los más indicados. El prebiótico, es el alimento del cual se alimentan nuestras bacterias intestinales permitiendo que sigan habitando dentro nuestro.
Alimentos de origen vegetal ricos en fibra son ese perfecto alimento prebiótico, como por ejemplo la alcachofa, el ajo y la cebolla, los espárragos, la patata y el boniato, las coles como el brócoli etc.

Espero que os haya gustado y servido este artículo, el objetivo siendo siempre el mismo, y es mejorar y garantizar esa buena salud que todos deseamos.

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